CRÓNICAS DE UN PUEBLO SAN JUAN DE LA RAMBLA JOSÉ Mª PÉREZ MONTES
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El Día, martes 01 de mayo de 2001.
(044) SAN JUAN DE LA RAMBLA, DON ARMANDO Y SUS BILIS
EL pasado día 25 un amable paisano de San Juan de la Rambla me dedicó en este
periódico un cariñoso y fino artículo corroborando, pienso que sin querer, las tesis de un
artículo mío anterior en el que enjuiciaba algunos sucesos de la política local. Igualmente y
también sin quererlo me confirmaba lo bien escrito que está mi libro sobre la historia de
nuestro pueblo, lo que seguramente hará que se agote la edición. Digo que ese educado
paisano corroboraba mi objetividad al enjuiciar la política local, porque, aunque con grandes
titulares, decía que miento, lo hacía para disimular y quedar bien ante sus convecinos, pues
casi todo su artículo es una larga lista de los innumerables agravios que ha sufrido la zona alta
a lo largo de siglos, lo que es bastante cierto, y ello es el argumento contundente para
reafirmar mi tesis de que el cambio de sede del Ayuntamiento ha sido motivado
fundamentalmente por el resentimiento larvado durante mucho tiempo contra la zona baja.
Mis más efusivas gracias por su inapreciable ayuda, y a ver si otros se convencen de una vez
de que tengo razón en lo que afirmo sobre dicho tema; si no, que se lo pregunten a don
Armando. Por otra parte, con su otra larga lista de los agravios actuales refuerza aún más mi
creencia de que el otro componente que motivó el cambio de sede fue la venganza contra los
que en estos últimos años tanto habían ofendido a los de arriba, lo que en parte pudiera ser
verdad, o se habían opuesto a dictatoriales decisiones. Seguramente, exponer esa larga lista de
agravios históricos y actuales le habrán venido muy bien a don Armando (o a su amo) para
aliviar su exceso de bilis, porque mira que ha largado cantidad, y la que parece que todavía le
queda; pues nada, a seguir vomitando. Fueron muy listos los de la parte alta, adelantándose a
coger el Ayuntamiento para ellos, porque los vecinos de Las Aguas, y de La Rambla y todos
los del casco, que también sufrieron secularmente los mismos agravios de esas mismas
familias caciquiles que entonces había, también hubieran querido trasladarlo o a la Rambla de
los Caballos, o al Roque de las Aguas, o al chorro de la calle del Calvario, pero se le
adelantaron los de arriba; no cabe duda que son más espabilados. Seguramente lo mismo
pasará en la generalidad de los demás pueblos, en los que en siglos pasados los grandes
señores y caciques del lugar históricamente actuaron de la misma manera; ¡que cunda el
ejemplo! Así, el Ayuntamiento para Taco, que tiene más habitantes que el casco de La
Laguna. Afirma también don Armando que en mi libro miento; creo que igualmente lo dice
sin darse cuenta. Su jefe, el alcalde, le va a llamar la atención, porque la persona que más
alabanzas y más ditirambos le hizo al libro cuando fue editado fue el propio alcalde, que me
tenía abrumado con sus parabienes; me llegó a afirmar en más de una ocasión que era lo más
grande que se había escrito sobre San Juan de la Rambla y que lo había leído varias veces.
¿Será que alguien ha cambiado el texto del libro sin yo saberlo y por eso es ahora tan malo?
¿Será que el alcalde ha tenido una revelación sobrenatural? Tendré que averiguarlo. He
releído su artículo, intentando buscar a qué mentiras del libro se refiere, pero no cita ninguna.
A lo mejor lo que usted quería señalar es que en el libro no está toda la historia del municipio,
que falta mucho. Naturalmente que sí; eso sucede en todos los libros de historia. Le animo a
que la complete. Por cierto, a propósito de una afirmación suya sobre un suceso del año 1868,
que dice no cito en mi libro, le recomiendo leer las páginas 85 y 86; de nada. Me da la