CRÓNICAS DE UN PUEBLO SAN JUAN DE LA RAMBLA JOSÉ Mª PÉREZ MONTES
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sensación que usted ha leído muy poco ese libro y habla de oídas (quizá la voz de su amo); lo
siento, pues su lectura le vendría muy bien a su grave enfermedad. Sobre algunas
descalificaciones suyas acerca de los vecinos de la zona baja, espero que alguien de allí le
conteste. Sobre otras afirmaciones más personales acerca de mi familia, ciertas frases
despectivas hacia mi persona, o ciertas comparaciones de dudosa intencionalidad, con el
propósito de zaherirme, mendaces y que lo que destilan es odio y rencor, elegantemente se las
devuelvo entre estas líneas; ya bastante cruz tiene usted con ese padecimiento crónico que
sufre, que espero no agravar con este escrito. Así pues, al final de todo esto me hallo bastante
confuso al preguntarme qué pretendía usted con su furibundo artículo, aparte de infamarme,
ya que lo que consigue es corroborar mis tesis acerca del resentimiento y la venganza. Por
otra parte, no cita ningún error ni ninguna interpretación incorrecta de mi libro. Me da la
sensación de que le ha salido el tiro por la culata; un artículo tan claro y directo como el mío
era lógico que produjera algunos rebuznos; así ha sido. Lo que yo pienso es que usted (o su
amo) fue el médico porque se encontró mal al leerlo, el doctor le diagnosticó un cólico biliar y
usted no encontró mejor medicina que descargarlo contra mí y contra los vecinos del casco,
rebuznando. Pues nada, si hemos servido de terapia para usted, me alegro; y si en otra ocasión
vuelve a recaer, siga rebuznando.
Por cierto, ¿quién se esconderá bajo ese seudónimo, que no se atreve a dar la cara?
Probablemente, uno de los plumíferos que escriben al dictado del amo.
JOSÉ ANTONIO ORAMAS LUIS
El Día, miércoles 02 de mayo de 2001
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(045) ¿POR QUÉ «BALCANIZAR» SAN JUAN DE LA RAMBLA?
Sé que mi pueblo no está en estos momentos para alegatos de efecto placebo y que,
llegamos al punto en que hoy nos encontramos, quizás los de una parte y los de otra sólo
quieran saber de qué lado está cada cual. Posiblemente los unos y los otros sólo deseen ahora
sumar argumentos a su causa y, puede ser, incluso, que para muchos ya no sea momento de
convencer sino de vencer. Aún así, ante la posibilidad de que la historia no nos dé otra
prórroga para solventar nuestros viejos desencuentros, permítanme, queridos paisanos y
paisanas, de abajo, de arriba y del medio, una última llamada a la sensatez y a la concordia.
Me reprocharán que desde la distancia no esté legitimada para terciar en los asuntos
internos de mi pueblo, pero lo hago desde la autoridad moral que me confiere haberme
pronunciado públicamente en reiteradas ocasiones sobre la necesidad de remedir esa falta de
identidad de nuestro pueblo como colectivo, así como sobre el riesgo de fragmentación
municipal de una realidad dividida en dos mitades condenadas administrativamente a
entenderse, pero indiferentes e incluso alejadas y distantes en los sentimientos y en la
identificación con un proyecto convivencia común. Así lo manifesté cuando pregoné las
fiestas de San Juan en 1997 y lo he reiterado en el prólogo del libro «Cinco siglos en la
historia de San Juan de la Rambla» de José Antonio Oramas Luis y en alguna que otra
colaboración periodística.