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CRÓNICAS DE UN PUEBLO SAN JUAN DE LA RAMBLA JOSÉ Mª PÉREZ MONTES
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Nuevamente le asesoran mal cuando le escriben que yo estaba entre ese «grupo
cualitativo» de los que «el gobernador civil de turno designaba a dedo al alcalde».
Precisamente fui de los que luché para que la democracia fuera posible en este país y que
usted hoy ejerciera, como alcalde, democráticamente elegido. Desde luego que no añoro ese
triste pasado del que usted habla, pero parece que, nuevamente, no hablamos el mismo
lenguaje. He releído mi escrito y no sé dónde pudo encontrar usted o quien le asesoró, un
lenguaje «campanudo y hueco». Yo he señalado «hechos» y comento «hechos» y, aunque
viva fuera de mi pueblo, tengo todo el derecho a opinar sobre las actuaciones públicas de un
alcalde. No he tenido ocasión de conocerlo personalmente, pero eso no quiere decir que no
conozca sus actuaciones, escuchado, leído y visto sus entrevistas televisivas. Por cierto: dijo
usted en una de ellas que es «hijo de agricultores y que no tiene títulos ni carreras...». Sin
embargo, cita en su escrito de respuesta al «reputado científico alemán del siglo XVIII... a
Freud, Nietzsche o Goethe...», lo que me confirma que la cultura, muchas veces, no tiene que
ver con los títulos. Se ve que es usted una persona ilustrada, a juzgar por sus citas, a no ser
que se las hayan preparados. Como ve, no soy yo precisamente quien se manifiesta con
«pretensiones literarias». Tampoco necesito la Prensa para «presentarme políticamente», entre
otras razones porque no soy político ni está en mi cabeza entrar en un «partido», no
necesitando cultivar «votos». Eso se deja para los políticos como usted.
Dice que en el anterior local del Ayuntamiento no existía la «infraestructura necesaria
y adecuada». ¿Cree usted que en el actual edificio, preparado para centro comercial, se dan
estas condiciones?
Me dice que yo «sé de San Juan de la Rambla más que lo que quiero escuchar de
otros, y luego repite sin pararse siquiera a pensar lo que dice». Sr. alcalde: de mis opiniones
respondo yo porque son mías y las suscribo. Firmo con mi nombre y apellidos, y no quiero ir
«armando guerra», sino todo lo contrario, «armando paz». En absoluto es mi intención, como
usted manifiesta, «ofender por ofender». Cuando usted dice esto, unos renglones más adelante
escribe que mi «petulancia confunde mucho los sentidos». ¿Quién ofende a quién, Sr. alcalde?
Nuevamente me confirmo en mis ideas: hablamos otro lenguaje. Es una lástima que en la
cuestión de fondo no haya entrado usted con su respuesta y haya cogido el rábano por las
hojas. Sigo diciéndole que es usted el responsable de la división del municipio, y sigue, con
su política, desenterrando el resentimiento y la venganza. ¡Que lo digan tantos ciudadanos
perseguidos y «vengados» a través de multas y sanciones, algunas millonarias. Esto sí que no
es servir a la comunidad. Sr. alcalde: no olvide que «las piedras rodando se encuentran» y que
desde los cargos políticos se puede volver a la condición de ciudadano.
MÁXIMO PADRÓN HERNÁNDEZ