CRÓNICAS DE UN PUEBLO SAN JUAN DE LA RAMBLA JOSÉ Mª PÉREZ MONTES
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irresponsabilidad difícil de creer si no se vive en directo. Los vecinos de este municipio
siempre han sido buena gente y si estuviesen dirigidos por un buen político del partido que
sea, no hay razón para que se hunda en un piélago de odios, rencores y revanchas que es en lo
que se ha convertido San Juan de la Rambla.
Hagamos un poco de memoria: los infames caciques San Juan fueron humildes
corderitos comparados con los de La Orotava, Tacoronte o La Laguna, por ejemplo y
ejercieron como tales desde la conquista hasta hace muy poco, pasando por el sistema de
Cánovas que llegó casi a institucionalizarlos pero, que yo sepa, ni en esas localidades
mencionadas ni en ninguna otra de la Comunidad Canaria se ha operado esta aberración; al
contrario, en todas ellas la democracia, con más o menos fortuna, hizo el milagro.. El alcalde
de San Juan, sin embargo, carece de la nobleza y altura de miras necesarias y tira por el
camino de en medio , adoctrinando y manipulando a sus prosélitos y lanzándolos sin
miramientos contra los del litoral, quedándose en la práctica en medio alcalde y en peligroso
factor de conflicto social. Ha dilapidado los recursos que le brindaba el sistema democrático y
ha abocado al municipio a un proceso involutivo que nadie sabe a dónde lo llevará. No es un
político, no es siquiera un mal político, es simplemente un individuo con labia y ciertas
habilidades demagógicas entre sus convecinos que le permiten utilizar aquellos valores
democráticos en beneficio propio,, manejando sin cesar técnicas de amedrentamiento como
amenazas en los medios, rumores sobre pérdidas de pensiones, rondas frecuentes de la policía,
recogidas de firmas, multas, etc.. Y cada vez se atreve a más en una escalada que se percibe
muy bien en un artículo periodístico que firma el pasado 29 de abril, como respuesta a
Máximo Padrón Hernández. Todo él destila un profundo resentimiento como siempre,
atribuyendo cómodamente defectos y errores a los demás. Pero aporta una novedad, y es que
también vive resentido contra las personas que poseen estudios y carreras, por eso lo primero
que embiste es la condición de profesor universitario del articulista quien, por cierto, se
conduce con educación. Tratan de camuflarle su status de letrado tras un talante fuertemente