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CRÓNICAS DE UN PUEBLO SAN JUAN DE LA RAMBLA JOSÉ Mª PÉREZ MONTES
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torno a la cual se fue formando el pueblo de «San Juan del Malpaís», y, más tarde llamado
«San Juan de la Rambla». Muchas familias principales, que se habían establecido en la zona
alta (tierra de trigo y primer camino real) iban asentándose aquí, donde el Cabildo nombra a
los alcaldes pedáneos y el propio Obispado engloba en sus límites a los vecinos de la zona
alta, por lo que éstos la asumieron como capital.
Los señores colonos de las zonas bajas, con actitudes caciquiles y despectivas, que se
hicieron extensivas a otra gente de la población, incrementaban el silencio, la desconfianza y
el resentimiento en muchos vecinos de las zonas altas, además de las diferencias culturales
que se iban acentuando.
Sin que en mi juventud fuera la situación tan extrema, quedaban ciertos gestos
centralistas, por eso, siempre estuve convencido de que había que eliminar las posibles
actitudes residuales y sanar las heridas. De hecho, muchos de nosotros, jóvenes de la zona
baja, hicimos, en distintos momentos, varios intentos para facilitar el encuentro con jóvenes
del barrio de San José, en la zona alta. Aquello, sin embargo, no fructificó. Sin embargo, la
rivalidad histórica que también existía entre la gente de San Juan y la de La Guancha, en zona
alta, fue desapareciendo, desde los años setenta, con el desarrollo escolar y cultural de sus
jóvenes, con los que con muchos de ellos fuimos amigos.
Mi esperanza de mejorar las relaciones entre las dos zonas de San Juan de la Rambla,
estuvo primero con la llegada de la democracia y, después, en 1987, con la posibilidad de que
su alcalde, don Manuel Reyes, y los concejales mayoritariamente de la zona alta, fomentaran
las relaciones, integraran definitivamente a ambas partes y crearan proyectos comunes. Ellos
han podido, no sólo beneficiar aquella zona, más deprimida económica y culturalmente, sino
además posibilitar el encuentro y la integración armoniosa entre esas dos realidades
geográficas, históricas y culturales distintas.
Cualquier político de cualquier municipio y de cualquier partido del mundo, con las
mínimas habilidades sociales, teniendo el poder en sus manos, con «mayoría absoluta»,
durante catorce años, se hubiera afanado por ganarse a la gente, aunque no le hicieran falta los
votos, y hubiera hecho desaparecer el «Mazapé» como muro separador de dos «san - juanes -
de - la - rambla».
Ésta ha sido la gran oportunidad histórica del Sr. Reyes, alcalde del municipio, pero
desgraciadamente, no ha sido así. Lo que ha hecho es ahondar más en las heridas y levantar
más alto el murallón del Mazapé. Ahora, las actitudes caciquiles y despectivas que
achacábamos, en el pasado, a gente de la zona baja, son pálidas comparadas con las que los
últimos años parecen deducirse del comportamiento demostrado por el alcalde y su gobierno
municipal. No se trata de señalar aquí el listado de agravios, despojos, desconsideraciones,
abandonos o represalias que se señalan sobre el casco del pueblo y que están apareciendo en
los medios de comunicación, sino sólo la última, la de quitar la sede del Ayuntamiento de San
Juan y trasladarlo a San José, barrio de la zona alta. Quitarle el Ayuntamiento, órgano del
gobierno, es quitar a San Juan su capitalidad y quitar la capital (caput - is=cabeza), es cortarle
la cabeza, servida en bandeja de plata, rememorando a su propio patrón, San Juan Bautista,
decapitado por Herodes.