CRÓNICAS DE UN PUEBLO SAN JUAN DE LA RAMBLA JOSÉ Mª PÉREZ MONTES
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contra la propia identidad del pueblo y deben ser reconsideradas desde la racionalidad y los
derechos de un pueblo a preservar y conservar lo que es su legado histórico». Esto tiene que
ver con el «traslado de la sede oficial del Ayuntamiento», desde su histórico y originario lugar
fundacional a San José».
Defiendo absolutamente el derecho de los vecinos, de todos los vecinos, vivan donde
vivan y tengan las ideas que tengan, a recibir los servicios a los que tienen derecho. Pero este
hecho nada tiene que ver con las decisiones tomadas por el grupo de gobierno municipal y
que estamos comentando. Sr. alcalde: el resentimiento y la venganza nunca deben estar
contaminando una acción política, sea del signo que sea. Y usted, con sus actuaciones, la está
alentando y abanderando, produciendo la división en el municipio. Y esto es muy grave, Sr.
alcalde. Porque no es argumento el que usted señaló al terminar el pleno: «Tenemos mayoría
y ahora gobernamos nosotros». Estos son los argumentos de los que carecen de razón. Yo
añadiría, Sr. alcalde, que debería ser sensibilidad de un político y su deber más importante,
salvaguardar el patrimonio moral e histórico de un pueblo. ¿Qué comunidad abandona un
patrimonio, sin atender a razones históricas y culturales propias de su identidad fundacional
como pueblo?
El Viernes Santo el pueblo tuvo la ocasión de ver reunida a la Corporación, presidida
por el alcalde, por primera vez desde el mencionado traslado. Y se niega a que éste y su grupo
los represente detrás del «Señor muerto». Sobre este hecho cabrían muchas preguntas, en un
Viernes Santo, en el que, como hace dos mil años, estábamos representados todos: un pueblo,
unas autoridades responsables de lo que ocurría, unos guardias, un sacerdote... ¿No eran todos
estos los protagonistas del primer Viernes Santo, en que ocurrió la muerte de Jesús de
Nazaret?». Dice usted que se trataba de un «acto religioso de relevancia, que no tiene que ver
con asuntos políticos». ¿Y si no tiene que ver con asuntos políticos, por qué estaba la
Corporación presidida por el alcalde para acompañar a la procesión? Sr. alcalde, si usted,
como señala, quería asistir a los actos «religiosos», ¿por qué no entró al templo como todo el
pueblo? Porque usted no asistió a las celebraciones religiosas, no entró al templo, sino que
esperó fuera, porque lo que le interesaba era figurar en la procesión. Si usted cree que hay que
separar las creencias religiosas de la política, como dice, asistan como creyentes, si es que lo
son, pero no como Corporación Municipal. Por último, Sr. alcalde, sus declaraciones últimas
son bastantes contradictorias, cuando afirma que no se entiende cómo «los autores de estos
hechos pueden acudir a una procesión con la conciencia tranquila». ¿A qué hechos se refiere
usted, a los acaecidos este día o a los que usted ha provocado con sus actuaciones? ¿De qué
conciencia habla, cuando hace alusión a «conciencia tranquila»? ¿De la suya o de la del
pueblo? Después de la división que usted ha provocado en nuestro pueblo, no es de recibo que
usted venga ahora a darnos lecciones de ética cuando afirma «considero que son hechos pocos
Porque, Sr. alcalde, lo que sí debe estar muy unido es la ética y la política.
* Profesor titular de Psicología de la Universidad de La Laguna
MÁXIMO PADRÓN HERNÁNDEZ