Página 124 - CRONICAS

Versión de HTML Básico

CRÓNICAS DE UN PUEBLO SAN JUAN DE LA RAMBLA JOSÉ Mª PÉREZ MONTES
124
Además, este anónimo personaje advierte que los de arriba, que son más, podrían
recurrir también a pancartas y manifestaciones, como recientemente han hecho con
multitudinarias solidaridades (cualquier dictador o fundamentalista, de los de antes y de los de
ahora, reúne fácilmente a cientos de manifestantes y correligionarios); solidaridades que,
como en este caso concreto, habitualmente suelen ser también coreadas por buscadores de
votos, como algunos oportunistas dirigentes de CC, que se tapan la nariz mientras dan
palmaditas al que les puede proporcionar unos puñados de votos, que es lo único que les
interesa, y de lo que conviene tomar buena nota.
Las pancartas cuelgan de las fachadas de las viviendas.
Volviendo con el asunto de "tirar del carro", lo que sucedió fue que la Corporación
Municipal empezó su andadura tirando con cierta fuerza hacia la zona de arriba, haciendo
creer que se buscaba un equilibrio, una igualdad entre las zonas del municipio, lo que a mí
particularmente me parecía justo. Sin embargo, producto de una larvada obsesión revanchista,
el ángulo de tiro se fue abriendo cada vez más hasta aproximarse a un ángulo llano, y el tirón
hacia arriba fue siendo cada vez más intenso, con gran alarma e impotencia de los de abajo.
De repente, la mayoría gobernante en la Corporación Municipal, conformada por
gentes de la zona de arriba y algún allegado, no conformes con lo que ya habían "tirado" para
su barrio, dieron un inesperado tirón de la soga y se llevaron también el carro y los pocos
pertrechos que aún quedaban en él, alegando que había un cierto número de firmas que así lo
pedían. Firmas que ninguna persona ni organismo imparcial controló, con lo que ni moral ni
legalmente podían tener ningún valor, pero que, curiosamente, sirvieron de burda excusa para
el despojo final. De esta forma, los de abajo se quedaron hasta sin soga de la que tirar y
tuvieron que recurrir a las pancartas y a las manifestaciones que, como ya señalé, parece que a
nuestro "Sanjuanero del medio" no le gustan. Pretende que, aparte de despojados de una
institución que llevaba varios siglos en ese lugar, los de abajo permanezcan también
amordazados ante una partidista decisión (no por democrática menos injusta), y sobre la que
el grupo de gobierno no tuvo o no quiso tener la lucidez política de pedirles ni siquiera su
opinión.
Para las gentes de la zona de abajo, las pancartas son un grito de indignación y
denuncia contra lo que consideran un despojo y un atropello a su historia y a sus sentimientos.
Al propio tiempo, sirven para recordar permanentemente a los autores de tal acción y a sus